Luego del circo legislativo donde una facción gritaba vítores, muestra de dependencia de poderes, por no haber movido ni una coma al proyecto del ejecutivo federal, mientras la otra amenazaba con erradicar cualquier posibilidad a la contra-reforma energética, las cifras en el PEF 2022 sobre Ciencia, Tecnología e Innovación, CTI, son reveladoras.

El presupuesto federal para Ramo 28, administrado por CONACYT, no tiene incremento significativo más allá del relativo a la inflación estimada; la cual, al ritmo nacional y presión internacional, es altamente probable que resulte subvalorada, ahí no hay mayor novedad.

Lo que vale la pena mantener a la vista es que, ya este año, en 2021, sucedió que la estimación inflacionaria ha resultado menor en el presupuesto aprobado y mayor en la realidad; diferencial desfavorable.

Lo anterior significa que ya en 2021 ha habido un déficit resultante de la estimación inflacionaria para este año, para el 2022 el déficit en CTI puede seguir creciendo al menos por esta razón.

Otro punto de interés es que no hay ni un solo peso presupuestado para el Ramo 38 en la estrategia de transición para promover el uso de tecnología y combustibles mas limpios; según se puede leer en el Anexo 15.

En otras palabras, ni el ejecutivo federal ni la cámara de diputados consideraron financiar, con recursos público, a la CTI para impulsar energías limpias a partir del conocimiento propio; de los poco mas de 10 mil 168 mdp en ese anexo, ni un peso es a CTI; los Ramos considerados son Gobernación (Ramo 04), Medio ambiente (Ramo 16), Energía (Ramo 18) y, con una cantidad ínfima, Salud (Ramo 12).

Cero pesos de recurso público a CTI mexicana en energías limpias, deben estarse frotando las manos nuestros socios, también en Europa y Asia.

Con estas cifras, que seguramente conocen quienes asesoran en Estados Unidos y en Canadá, sobra cualquier explicación que desde Palacio Nacional se hubiera elaborado en la cumbre reciente pasada; no se la creyeron, ejercieron la presión diplomática necesaria para mandar el mensaje y asegurarse que fuera recibido.

Como es de esperarse, nuestros dos vecinos y socios en norteamérica no financiarán, ni con capital privado ni público, México en esta materia será cliente.

Así el desarrollo de tecnología propia está destinada a la dependencia, CONACYT debe leer estas cifras para moderar su discurso de soberanía tecnológica, que ya suena a cantaleta de perico.

En el Anexo 16 sí hay recursos para el CONACYT (Ramo 38), se trata de la adaptación y mitigación de los efectos del cambio climático; aunque no se si las cifras provocan si vergüenza o risa.

El Anexo 16 da cuenta al Ramo 38 con poco menos de 269.5 mdp; de lo cuales sólo 134.3 mdp son para investigación en CTI, el resto para becas; así que México destina, de su recurso público federal, algo así como 6.7 millones de USD si tomamos a 20 pesos el dólar, de ahí la risa vergonzosa, el monto da pena.

Así, tampoco hay determinación en generar conocimiento ni aplicarlo, de CTI, pues, propia de México; con un claro disfraz de cumplimiento a compromisos en términos de cambio climático; como dijera doña Queta, que vendía jícamas en mi barrio, “nomás pa’que no digan”.

Eso sí, se incluyeron alrededor de 41.7 mdp (cerca de 2 millones de USD) en el Ramo 38 orientadas a erogaciones para el desarrollo de los jóvenes, según da cuenta el Anexo 17.

Quizá las conclusiones con lo que se financie serán que deberemos adquirir tecnología o que no hay mucho futuro por desarrollar a los jóvenes dado el desinterés público a la mitigación de cambio climático y las energía limpias; tal vez por ello el monto es tan bajo, ya saben lo que resultará.

Esta columna considera que el Anexo 18 del programa de egresos merece una entrega específica, se trata de la atención a las niñas y niños, adelanto que tampoco hay un solo peso para el Ramo 38; el tema amerita dedicación por la gran preocupación en la calidad de estudiantes con inscripción en nuestros posgrados.