Víctor Manuel Toledo, secretario de Medio Ambiente, revela una vez más que la tarareada 4T integra a personajes de chipilín, mole, chile, dulce y manteca, es decir, nada más lejano a la homogeneidad tamalera.

Toledo es un respetable radical de izquierda democrática. Trae pleito casado con su tocayo Víctor Villalobos, secretario de Desarrollo Rural.

Mientras el titular de medio ambiente defiende la decisión democrática de las comunidades para no utilizar el herbicida “glifosato” en los cultivos de tierras campechanas y tabasqueñas, su contraparte agrícola defiende el evangelio según San Andrés: sembrar maíz y cereales es bienestar, aunque para ello haya que envenenar la tierra para cultivar lo más que sea posible.

El secretario Toledo no otorga aval a los mecanismos de transformación; le duelen las contradicciones. No es un traidor a sus convicciones, lo que no puede decirse de otros, que con espalda de resorte, cuando les preguntan ¿qué hora es?, responden: la que usted diga señor presidente.

El señor protagonista del último debate contra la uniformidad y a favor del respeto a las diferencias ideológicas ya se había enfrentado con el titular de Fonatur por el proyecto del Tren Maya, otra de las grandes “ideotas” presidenciales.

Ante tal zipizape, López Obrador presume que, en su gobierno de adeptos, no precisamente aptos, se vale la discrepancia ¿Lo habrá dicho de dientes para afuera?; ¿Qué cara traen los demás miembros del gabinete tetrateista?; ¿Viene la renuncia de Toledo por discrepante?; ¿Será que el régimen es el desconcierto si menor para güiro y bataca?; ¿Qué la Cuarta Transformación es transformación de cuarta?