Columna Descomplicado/Jorge Robledo
La única manera de entender la epidemia nacional de desaparecidos es la complicidad entre autoridades y mafias criminales. Una complicidad que ha costado la desaparición de cientos de miles de mexicanos.
A pesar del desdén oficial, crece el reclamo de madres, padres y familiares “buscadores” que recorren el país. Un fenómeno social que escandaliza al mundo.
El reclamo se escucha más fuerte cuanto mayor es la sordera institucional. Pero si aún hay dudas, basta ver los casos recientes.
En una semana, en Cancún, desaparecieron una veintena de mujeres, mientras que en Matehuala se reportó la desaparición de una cuadrilla de electricistas.
En el Estado de México y la CDMX también se registraron desapariciones, incluso de menores. La crisis es nacional y creciente.
Según cifras oficiales, entre 2018 y 2025 se concentra casi el 60 por ciento de las desapariciones forzadas. Estados como Jalisco, Tamaulipas y Veracruz destacan.
El problema ya es global: México es señalado como uno de los países más inseguros. Y la crítica central es clara: la desaparición tiene su origen en la relación entre poder y crimen.





