Lección de Calderón a la oposición
Ricardo Alemán
Dice el refranero popular mexicano que, “en política no existen las casualidades”.
Pero el mismo refranero también dice que en política –y especialmente en la política mexicana–, “todo tiene una causa, un fin y un objetivo”.
Sí, “en política no hay casualidades, sino causalidades”.
Y vale el ejercicio memorioso porque luego del “martes negro” que vivieron los gobiernos de Morena, en donde se exhibió al expresidente AMLO y su hijo Andy “como ladrones de siete suelas”, además de que se confirmó la alianza entre el partido en el poder y el crimen organizado, todos vimos la reaparición de la barbarie dictatorial; del engaño, la simulación y, sobre todo, la confirmación de que México vivimos bajo una dictadura.
Y es que, a pesar de lo que dicen los ladrones “morenistas” –y de lo que pregona “la legión de idiotas”–, hoy más que nunca están frente a nosotros las señales ominosas de que la dictadura de Morena es nuestra vida cotidiana.
Sí, una dictadura que, por ejemplo, desde Palacio ordenó decapitar la estatua de bronce del expresidente Calderón; estatua que ya había sido bajada de su pedestal y tirada al basurero en la otrora Casa Presidencial de Los Pinos.
Sin embargo, hoy queda claro que no fue suficiente el mensaje de odio –ordenado desde Palacio–, de bajar de su pedestal la efigie del expresidente Calderón y tirarla a la basura.
No, hoy la dictadura de Morena y de la señora Claudia Sheinbaum exigió un mensaje de odio aún más poderoso y más pedestre, como la decapitación de la escultura en bronce de Calderón.
Sí, una barbarie encomendada a los gorilas que dicen trabajar en Luz y Fuerza, y quienes presurosos cumplieron la orden presidencial no sólo de cercenar la cabeza de la estatua en bronce del expresidente, sino de exhibirla como trofeo de guerra.
Pero luego de esa barbarie cometida contra una estatua en bronce obliga preguntar: ¿Cuál es el mensaje? ¿Quiénes son los destinatarios de ese mensaje? ¿Por qué ahora el mensaje?
Y aquí es donde aparecen las causalidades.
Y entendió el que entendió; le cortarán la cabeza –de manera real o metafórica– a todo aquel crítico que se atreva a exhibir la barbarie de Morena, de sus gobiernos y de sus dueños.
¿Lo entendieron los idiotas mexicanos?
Se los dije.
Al tiempo.





