
Micrositio para macro reto: Jorge Robledo
En nuestro entorno hay personas devaluadas, sin valores, que incrementan el dolor evitable de Covid. Unas desatienden medidas sanitarias del semáforo que es concreción del “No matarás”, y piensan que lo malo no es lo que hacen o dejan de hacer, sino que se sepa (“No mentirás”). Otras no seleccionan valores humanos a proteger: diputados de Morena no presupuestaron para el 2021 vacuna para 100 millones de mexicanos contra Covid –AMLO optó por inundar bajos de Tabasco antes que Dos Bocas-. Evidencia de urgencia de educar o formar pueblo, y evitar dos extremos: egoísmo o individualismo antisocial, y masificación o aborregamiento. Un punto de partida: reconocer que cada uno de nosotros es una unión substancial de cuerpo material orgánico y alma espiritual, con conocimientos sensible e intelectual, con libertad, capacidad de autodeterminación en su voluntad, con vida afectiva, emociones, con individualidad y sociabilidad, con historicidad y trascendencia. En síntesis: somos seres en sí, cada uno valioso en sí, no en otro; un fin en sí; enseña el realismo crítico.
Las exigencias de cubre-bocas o distancia no se nos aparecen a todos como cosa dada, sea por ignorancia culposa, o incapacidad. La evidencia de esta exigencia natural –respeta la vida e integridad humanas, valores básicos-, está ahí ante nuestro espíritu, como algo que no depende de nuestra voluntad. Y está, no solo como está una fórmula matemática que dice simplemente lo que es (2 x 4 son 8), sino que dice lo que DEBE HACERSE: No matarás. No mentirás. La moral primaria se basa en la NATURALEZA de las cosas y de la persona misma, no en un contrato. Para unos, en cuanto más clara es, tanto más resuelta es nuestra respuesta: uso cubre-bocas para evitar contagio y muerte. Para otros, parece no ser tan evidente, y puede ser condicionada: uso cubre-bocas o tengo sana distancia, si alguien me ve, me lo impone o me es útil.
Hay tres tipos fundamentales de valores o bienes: útiles (dinero, vacuna), deleitables (música, un atardecer), y morales u honestos (verdades, amistad, salud, bien común). El valor o bien moral es la conducta recta del hombre en sus actos conscientes y libres, y por tanto, los valores útiles y deleitables están regidos por los valores o fines morales. Éstos tienen características positivas para el ser humano y su conducta, por ser una cosa o realidad que le conviene, perfecciona, atrae -según la naturaleza de cada ser-; y que para los seres humanos, impone una acción. Contienen un deber-hacer que es valioso. Constatamos que la ESTIMACIÓN de los valores es muy distinta en diversos tiempos y lugares. Para unos (Trump, AMLO, Grupo Elektra, el utilitarismo inglés), hay valoraciones distintas entre personas, por la relatividad de los valores mismos: Si la situación y los objetos y acciones correspondientes NO me resultan ya ÚTILES, cambian también su valor. Hoy el confinamiento puede ser dañino según ellos pues las personas son útiles para producir riqueza o votos. Pero pueden imaginarse otra situación: que las personas mueran, ello cueste, y dejen de producir riqueza. Estos confunden nuestra actitud o valoración con el valor mismo. Otros, los idealistas, aceptan que nuestras estimaciones de los valores varían, pero esa valoración es algo del todo distinto del valor mismo: las estimaciones son relativas, cambiantes; los valores en sí son eternos e inmutables, dicen. Para el realismo crítico, la VISIÓN y estimación de los valores depende, primero, de la inteligencia: las naturalezas de las cosas existen y se pueden conocer o captar dentro de los límites humanos. Después, depende, sobre todo, de la voluntad, que quiera o apetezca –o no- esa realidad concreta (verdad, bien) que perfecciona. Hay valores variables (la existencia del hombre, su historicidad). Y valores permanentes (su esencia de ser racional): La persona y su vida e integridad humanas, lo primero, ya que cada uno es un valor o fin en sí mismo; nadie medio de nada ni de nadie. ¡Cubre-bocas, Distancia social!¿O enfermedad y muerte?