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Oposición no regatea la unidad nacional ante llegada de Trump
A través de las matemáticas, el conocimiento de la naturaleza humana estudiado por las ciencias sociales, la experiencia de tantos años y, por supuesto, la voluntad de obtener poder y riqueza, el sistema democrático del mundo ha sido jaqueado.
Desde hace tiempo se rumorea la intromisión de potencias como Rusia y China en el gran paradigma democrático de Occidente, Estados Unidos de Norteamérica. Se dice que su forma de intromisión es una clara victoria en la interminable guerra fría que sostienen desde el siglo pasado.
Esta guerra, como todas, no tiene escrúpulos. Ya no se trata solo de imponer una ideología; parece que el objetivo es la hegemonía, el dominio total.La antigua Unión Soviética, hoy Rusia, tuvo su oportunidad con la democracia y el capitalismo, convirtiéndose en una entidad difícil de describir. Su sistema no es comunismo ni una verdadera democracia; es una extraña mezcla de oligarquía y una poderosa burocracia, todo centrado en la figura del gran zar, Vladimir Putin.
Algo similar ocurre con China, que, a través de los mercados, ha ido ganando terreno en su juego contra el imperialismo capitalista. Así como estas potencias han logrado inmiscuirse en democracias tan poderosas como la de Estados Unidos, parece que el poder, a través de este sistema de gobierno, está en oferta al mejor postor. Si alguien tiene suficiente influencia, estrategias y recursos, puede tomar el control de cualquier gobierno democrático del mundo.
Este es uno de los posibles escenarios para nuestro país. Lo más preocupante es que, con los recientes descubrimientos tras la captura o secuestro de Ismael “El Mayo” Zambada, se ha hecho más evidente el vínculo innegable entre el gobierno y el crimen organizado. Ya no es cuestión de apariencias; es un velo tan delgado que permite ver todo del otro lado.
Lo único que aún sostiene el precario estado de derecho es la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Y la llamada Cuarta Transformación está totalmente dispuesta a alterarla, de modo que muchos de los candados que evitaban que este país se fuera al infierno desaparezcan.La reciente toma y destrucción de organismos e instituciones creados por la voluntad de urgencia de nuestro pueblo en años pasados, como el INAI, es una muestra irrevocable de que se pretende eliminar todos los obstáculos que impidan el ascenso de un gobierno con una sola autoridad.
A esta autoridad solo le faltan algunas leyes para tener un control total y absoluto. Quedaríamos a merced no de un gobierno elegido por el pueblo con representación popular, sino de una camarilla que tomaría las decisiones más importantes de acuerdo con su voluntad y creencias.
Esto no es una cuestión de que nuestra democracia esté en peligro; es la patria entera la que lo está. Cuando pensamos entonces que el poder está en venta y que quienes detentan la autoridad pronto podrán hacer a gusto y conveniencia lo que nos digan que es mejor, no tardarán en tomar el poder, ya sea por la fuerza o por la corrupción, los grupos criminales que actualmente cuentan con influencia cultural, aterradora capacidad de intimidación y un poder económico ilimitado.
El poder judicial es el único que aún no está vulnerable a través de los procesos democráticos, y esto se debe a un motivo muy real e importante: son quienes pueden detener la destrucción de nuestra carta magna. Son quienes salvaguardan la ley y están a su vez protegidos por ella.
Como este monero lo entiende, nuestra alma patria pende de un hilo, y la destrucción fundamental de todo lo que significa nuestra nación está en las filosas tijeras de la reforma judicial que la Cuarta Transformación está a punto de cerrar. La suerte está echada. Solo un milagro podría salvarnos. El desordenado crecimiento, como un tumor canceroso que es el crimen organizado, su clara influencia en nuestro gobierno y la desafortunada sobrerrepresentación en nuestro Congreso pondrán punto final a nuestras esperanzas.
Parece que hemos creado un monstruo, y en nuestra última luz de esperanza solo queda esperar que este monstruo sea un Uroboro, es decir, que por entropía el nuevo gobierno se destruya a sí mismo, al menos en su desquiciada toma de poder tiránica, y se reforme antes de colapsar nuestro dañado y vulnerable sistema. Para ser más claro, nuestro país.