
La República de la prosperidad compartida
Fíjese, estimado lector, este monero ha notado algo importante. Hay vicios que el morenismo o el movimiento de la cuarta transformación ha rescatado de las viejas costumbres odiosas de los priístas del siglo pasado. La explicación es obvia y sencilla, ya que el líder de esta tendencia política, Andrés Manuel López Obrador, proviene inicialmente del viejo PRI. Lo tiene en el ADN. Todos lo sabemos; incluso compuso el himno de su partido, que por entonces era el PRI.
Acostumbrado a esas viejas prácticas y a ver que solo así funcionaba el país, ya que él mismo fue partícipe como un engrane más de la maquinaria que nos aplastaba y sometía en aquellos años, cuando tuvo la capacidad para ser elegido electoralmente, ya había abandonado ese partido. Sin embargo, no abandonó sus prácticas; al contrario, aquellas que se han ido abandonando poco a poco, y sobre las cuales hemos conquistado una democracia mejor, los ciudadanos, no él, ni su partido, ni sus correligionarios, sino los ciudadanos que hemos creído en la democracia y en un cambio pacífico y paulatino.
Decidió que debíamos volver a estas épocas de autocracia y dictadura oculta, pero ahora con su propia visión de la administración pública. Ningún argumento ha servido para justificar el uso de estas viejas prácticas. Algunos podrían alegar que su bandera anticorrupción o su visión de apoyar a los pobres hacen aceptable lo que está sucediendo en las viejas y malas prácticas a las que está retornando el país.
Pero dado que su lucha contra la corrupción no es más que una mascarada, ya hemos visto a sus políticos y familiares sirviéndose con la cuchara grande. Algunos destellos de esa forma tan funesta de atender los problemas de la pobreza, siendo paternalistas y dándoles migajas para conseguir su voto. Una vez concluidos los argumentos y puesta en evidencia la verdadera cara del nuevo priismo disfrazado, de movimiento ideológico de izquierda, cualquier seguidor de este líder se queda callado, encogiéndose de hombros y parece aceptar como una situación que tal vez a él no le compete o no le importa, siempre y cuando se siga «pisoteando a los prianistas o conservadores», su gran combustible, el rencor de clase que se generó justificadamente, pero que él ha sabido alentar y cosechar, es lo único que lo sostiene aún en el poder.
Es increíble que nadie de los que odiaban tanto al PRI reflexione sobre el uso de esas viejas prácticas y las consecuencias en nuestra democracia. Estamos en un país que fluctúa entre los hipócritas y los cínicos y que aún así sigue creyendo en este mesías nefasto, populista y engañabobos. Por esta vez no tengo nada más que agregar.