El Cordonazo, el Himno y los Panchos
El cine no es solo entretenimiento, también es reflejo de la vida de las sociedades. Como señaló Jean-Luc Godard, es “la mirada hacia el mundo y la huella del mundo”, un espacio donde nos comprendemos y donde, en el futuro, se entenderá cómo organizamos nuestra existencia y construimos memoria colectiva.
Quiero compartir con ustedes mis impresiones sobre Sujo, película que en la edición 67 de los Premios Ariel se llevó el galardón a Mejor Película, el de Mejor Dirección para Fernanda Valadez y Astrid Rondero. Además, Yadira Pérez Esteban fue reconocida con el Ariel a Mejor Coactuación Femenina. Además, la cinta representó a México en los Premios Goya y en los Óscares 2025.
Sujo se inspira en el libro Los huérfanos del narco de Javier Valdez (2011). La historia se desarrolla en una comunidad rural de Michoacán y narra la vida de un niño que queda huérfano tras la muerte de su padre, ligado al crimen organizado. Criado por su tía en medio de un entorno hostil, con carencias y violencia, encuentra en la escuela una ventana hacia otro mundo posible. La educación rompe con el destino impuesto y abre horizontes.
Como declaró Paulo Freire (2024) en La educación como práctica de la libertad: “Quiero aprender a leer y a escribir para cambiar el mundo; conocer es modificar la realidad conocida” (pág. 20). La película confirma esa visión: la escuela aparece como un espacio de resistencia y esperanza frente a la violencia.
En la cinta hay un momento en el que el protagonista le confiesa a sus amigos que quiere hacer algo distinto a lo que ellos hacen, pues comienzan a dedicarse a delinquir. Él guarda silencio al principio por vergüenza y por temor a que lo marginen, pero su verdadera aspiración es estudiar. Esta escena refleja con fuerza la tensión entre las presiones del entorno y la posibilidad de elegir un camino diferente gracias a la educación.
El filme también dialoga con las reflexiones de Freire (2023) en Pedagogía del oprimido, donde plantea que los sujetos pueden reapropiarse de su lenguaje y de su mundo para transformarse. Sujo lo encarna: sueña con un destino distinto, se traslada a la Ciudad de México, ingresa a la UNAM, trabaja en la Central de Abasto y, con esfuerzo, busca construir una vida digna.
Pierre Bourdieu y Jean-Claude Passeron (2001) señalan que toda cultura es arbitraria porque responde a los intereses de las clases dominantes. Aun así, la educación conserva un papel emancipador: brinda la posibilidad de imaginar futuros diferentes. Eso es precisamente lo que la cinta pone en pantalla.
Recomiendo ver Sujo. Es una obra intensa, conmovedora y necesaria. Más aún, invito a mis colegas docentes a llevar a sus estudiantes al encuentro con películas que, como esta, tengan un sentido formativo. El cine no solo entretiene: educa, interpela y nos obliga a reflexionar sobre el mundo que estamos construyendo.
Referencias




