Los eventos recientes en el CIDE demandan una reflexión, por ilustrar la situación actual en los Centros Públicos de Investigación, CPIs; dependencias del Ejecutivo Federal para la Ciencia, Tecnología e Innovación, CTI, coordinadas por CONACYT.

Primero, esta columna opina que, como mecanismo, el proceso de selección de quienes dirigirán CPIs debe ser mediado por cuerpos colegiados que incluyan a profesionales de la CTI con experiencia directiva y no por votos o intenciones populares ni masivas; la CTI obedece a requerimientos técnicos, al igual que su administración y gestión.

Por lo mismo esta columna ha expresado que el anteproyecto de Ley para CTI propuesto por CONACYT debe ser rechazado; recordemos que en ese anteproyecto de ley se incluye que las directrices en CTI, la de los CPIs, deben ser aprobadas por una asamblea, situación muy desfavorable para la CTI misma.

No se omite señalar que, por una parte, la DG del CONACYT designa en el CIDE con arbitrio irracional, por la otra, ésta propone un anteproyecto de ley donde una asamblea debe aprobar las directrices de los CPIs; ¿así o más esquizoide?

Dicho lo anterior, se señala que los CPIs son coordinados administrativamente por CONACYT; es decir, son autónomos académicamente y responsables del uso, manejo y administración de los recursos materiales, humanos y financieros en su haber.

Además de la coordinación administrativa, el CONACYT preside los Órganos de Gobierno; en algunos casos éste incluye al órgano colegiado competente para la toma de decisiones directivas, como en una junta directiva, en otros son las asambleas de socios o la de asociados, según corresponda a la persona jurídica de los CPIs.

Técnicamente hablando, es correcta la decisión dado que el CONACYT preside al órgano que debe tomarla, encarnado en su Directora General, quién es la responsable de las decisiones y gestión para el nombramiento de cada caso.

Luego, es claro que la decisión, en el caso de CIDE y otros, es errónea, en el sentido que la persona impuesta por la DG del CONACYT es inapropiada para dirigir, dada su insipiente carrera científica e inexperiencia administrativa y de gestión.

Ésta ha sido la constante en las decisiones de CONACYT para la selección de directivos de CPIs, desde los primeros casos, como en el más joven de estos.

La DG del CONACYT también, como el hospedado en Palacio Nacional, prefiere obediencia y “lealtad” que la capacidad; incluso el usar palabras aceptables para ella en el discurso, incluido el silencio, es suficiente para suponer su obediencia y lealtad, sin verificación ideológica, mucho menos un proyecto institucional.

Por su parte, lo digo en vivencia propia, si el proyecto de alguien con designación para dirigir uno de los CPIs no es aceptado por la comunidad interna, entonces lo mejor es dejar la silla para que otro proyecto tenga viabilidad; sin aceptación interna, la gobernabilidad institucional es insostenible, es decir, mejor que renuncie.

Para lo anterior, es mandatorio que la persona tenga una carrera científica sólida, de entregar su renuncia, pues, tal decisión implicará dejar la carrera política al interior de los CPIs; no toda persona tiene esa posibilidad, de hecho, en complemento lógico, no renunciar refuerza la opinión que sólo está en busca de la silla –léase salario- sin proyecto institucional, por falta de opciones en su carrera científica.

Ahora bien, no debemos ser ingenuos.

¿Será quizá que los eventos en CIDE estén concertados por la 4T para tener pretexto de cerrarlo? … pongamos las barbas a remojar, ya que los CPIs coordinados por CONACYT son un eslabón importante en la cadena de valor en el ecosistema científico nacional.

Otra, si suponemos que el movimiento es genuino y que resulta en su consolidación, entonces ¿seguirá que otros CPIs deberán tener la aceptación de estudiantes para su desarrollo institucional?

Quién es estudiante está en formación, podrá tener opiniones, pero también inexperiencia y desconocimiento: Combinación riesgosa.