La 4t insiste en cambiar de paradigma en México por encima de la realidad que es medida en cifras y datos, en investigaciones o estudios oficiales. El cambio que persigue el presidente López Obrador comienza en la consciencia de cada uno de los mexicanos, mientras que una minoría nombrada a sí misma ‘oposición’ recuerda, acertadamente, que la realidad del país acaso es otra.

Se han cumplido los primeros 100 días del Gobierno de México y el optimismo sigue sujeto a la sólida figura presidencial. La apuesta va en el sentido de la reflexión más que en el de la acción.

¿Qué es lo que mantiene el entusiasmo en el 80 por ciento de mexicanos que respaldan las acciones del presidente? Probablemente la relación lingüística-sicología. La retórica de López Obrador es clave para entender el fenómeno de su aprobación. Creemos en él no por los resultados que en escasos tres meses pudiera llegar a presumirnos, sino por la utópica visión que le ha instalado al México del futuro, que a su vez contrasta con el del obscuro pasado para recordarnos que el cambio va, lento pero en marcha. Es por ello que el México del presente, hoy, poco importa.

El presidente escoge escrupulosamente las palabras que otorgan fuerza a su discurso. Para hablar en materia de seguridad pública, por ejemplo, asegura que la violencia no se ha “reducido” sino que se ha “contenido”. Con esa idea espera que la percepción de los ciudadanos aguante hasta ver consolidada la Guardia Nacional, para, entonces sí, hablar de una reducción de incidencia delictiva en el país.

Nuestro presidente escoge también los lugares y momentos precisos donde soltar la bomba discursiva. Los temas en su agenda han sido seleccionados cuidadosamente, dependiendo de la necesidad que presente el avance de la 4t. Abre frentes políticos para ganar batallas con palabras, condenas y frases lapidarias. De a poco las fuerzas opositoras a su régimen se quedan en el camino.

Pero los datos oficiales arrojan cifras que se contraponen al entusiasmo de López Obrador. La llamada oposición ha echado mano de cuanto legajo oficial encuentre para mellar en el cambio de paradigma: “El presidente dice una cosa pero la realidad es otra”. El señalamiento surge desde la obviedad, porque tres meses de nuevo gobierno no tienen cómo competir contra 90 años de antiguo régimen.

A diferencia de la mayoría de los mexicanos que apoyan al presidente casi a ciegas, las cifras actuales que le bombardean acuden a la razón. Pero más allá de las medidas, la realidad se dicta desde el ojo que se mira. Es obvio que si el pesimismo de la llamada ‘oposición’ impera, en México no asomará luz de cambio verdadero, mientras si se piensa en que es posible cambiar la realidad del país empezando por nosotros mismos, tal y como lo plantea Andrés Manuel, es claro que hay esperanza.

En fin. Las cifras que nos castigan son el resultado de la historia que cargamos. Delante, no hay nada escrito. Antes que los datos duros importan las ideas de los hombres. Y la 4t es eso, una poderosa idea que quiere cambiar las cifras del futuro.