El desdén por el medio ambiente, con el objetivo de “ahorrar” y ser muy “nacionalistas”, va a tener consecuencias en la vida cotidiana de los mexicanos, en las especies marinas y en el turismo. Van los puntos:

                -Se suspendieron las subastas de energías limpias y se apuesta con mayor énfasis al carbón. Nuestro carbón, junto con el de India, es el más sucio y contaminante del planeta.

                -Ya no se van a contratar empresas especializadas para combatir la invasión de sargazo en las costas de Quintana Roo, y para limpiar el alga se van a utilizar a los marinos.

                Cuidado, los expertos señalan que el sargazo no se combate sólo quitándolo, sino que hay todo un procedimiento científico a emplear en esa auténtica plaga.

                Excelente la disposición de la Marina para limpiar el sargazo, pero el tema es mucho más complicado y tiene implicaciones extremadamente graves.

                Para este año se espera la llegada de 300 por ciento más de esa alga contaminante que el año pasado, según el Comité Técnico Estatal para el tema del Sargazo (Quintana Roo), lo que quiere decir que tendremos un millón y medio de toneladas en las aguas turquesas de nuestro bellísima Rivera Maya.

                El sargazo tiene arsénico, le quita la vida al agua al consumir su oxígeno, y en consecuencia se mueren las especies marinas.

                No es cosa de recogerlo con la Marina, el Ejército Mexicano o la Séptima Flota de los Estados Unidos si lo hacen gratis. Hay que saber de dónde viene, de qué se alimenta, y qué hacer con él.

                Al sacarlo del mar y comprimirlo, el 90 por ciento de lo que escurre es agua. Suelta arsénico. Y lo que queda es materia orgánica que como tal suelta gas metano que se va a la atmósfera.

                Cuando se extrae, el agua lleva semillas y se reproduce más rápido. En consecuencia, se echan al agua contaminantes concentrados.

                Todo lo anterior hay que medirlo y saber dónde se va.

                Para ahorrar, que lo haga la Marina. Nuevamente gracias a nuestro instituto armado, pero así no es.

                -El desdén por el medio ambiente y este milagro que es la naturaleza y la vida humana, nos va a pegar, además, en ingresos por turismo.

Del turismo viven cientos de miles de familias mexicanas. Millones de personas.

                Hasta 2018 pasado ingresaban al país 22 mil millones de dólares anuales por turismo, siendo Cancún y la Rivera Maya lo más visitado.

                En el primer trimestre de este año ya se observa una caída de visitantes de Estados Unidos a Cancún de 9.2 por ciento, en comparación con el mismo período del año anterior.

                Los visitantes procedentes de Nueva York bajaron en 19 por ciento. De Miami 11.9 por ciento. De Filadelfia 14.6 por ciento. De Cleveland 27 por ciento. De Los Ángeles 23 por ciento y de San Francisco 19.3 por ciento.

                El representante de la secretaría de Turismo de Quintana Roo, informó que en el principal centro turístico de la Costa Maya, Mahahual, el 40 por ciento del turismo canceló su estancia por temor a contraer enfermedades y complicaciones derivadas de la marea de sargazo (nota de Fernando Meraz, corresponsal de Milenio en Cancún).

                La caída total de turismo en Cancún se espera, para este año, en 30 por ciento respecto a 2018.

                La Secretaría de Medio Ambiente federal, hay que subrayarlo, no se ha quedado de brazos cruzados. Va a invertir, junto con Gobernación, una suma total de 700 millones de pesos en monitorear la actividad de la marea de sargazo.

                Bien por Semarnat. Pero que el gobierno federal opte por “limpiar” el alga de las playas con marinos y no con empresas especializadas, nacionales y extranjeras, y mediante procedimientos científicos, es minimizar el problema.

                Ya está costando caro en turismo.

                Matamos la gallina de los huevos de oro que es la costa del Caribe.

                Además, rechazamos energías limpias porque preferimos contaminar con “lo nacional”, como si el sol, el viento y el vapor de la tierra fueran alemanes, griegos o filipinos.

                Destruimos especies marinas y las maravillas de la naturaleza que afortunadamente todavía nos acompañan.