Columna Descomplicado/Jorge Robledo
Hace tiempo tuve oportunidad de asistir a un curso de derechos humanos para periodistas, convocado por la Secretaría General de Gobierno. Fue una experiencia formativa que dejó una idea central que hoy cobra plena vigencia: quien ocupa un cargo público se expone voluntariamente al escrutinio social.
En una de las sesiones se abordó un principio claro, sustentado en el sistema interamericano de derechos humanos:
“Las expresiones relacionadas con asuntos de interés público o con personas que ocupan o buscan ocupar cargos oficiales tienen un lugar especial en el universo de protección del sistema por su relación fundamental con las instituciones democráticas.”
Asimismo, se precisó:
“Mayor tolerancia a las críticas que deben tener los funcionarios o figuras públicas, quienes se encuentran sometidos a un escrutinio mayor por parte de la sociedad.”
Este criterio no es una apreciación aislada. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos, a través de su Relatoría Especial para la Libertad de Expresión, ha sostenido que:
“Los funcionarios públicos y candidatos se han expuesto voluntariamente a un escrutinio público más riguroso y, en consecuencia, deben demostrar un mayor grado de tolerancia a las expresiones críticas y opiniones de la ciudadanía” (CIDH, 2010, p. 12).
De igual manera, la jurisprudencia interamericana establece:
“Quienes ejercen funciones de carácter público y tienen influencia en asuntos de interés público saben que se han expuesto voluntariamente a un escrutinio más intenso y, por ello, están sujetos a un mayor riesgo de ser criticados” (CIDH, 2009, p. 8).
El fundamento jurídico se encuentra en el artículo 13 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos, que protege la libertad de pensamiento y de expresión, especialmente cuando se trata de asuntos de interés público.
La idea es sencilla y contundente: cuando alguien ocupa un cargo público, la conversación sobre su desempeño deja de ser privada. Se vuelve un asunto público.
Sin embargo, no todas las personas que ejercen responsabilidad pública comprenden esta premisa. Algunas asumen que el cargo les otorga inmunidad emocional o que el poder puede utilizarse como escudo frente a la crítica. Confunden el cuestionamiento con la agresión y la sátira con la falta de respeto.
Pero la función pública no pertenece a la esfera íntima. Es, por definición, materia de debate. La democracia exige escrutinio, contraste de ideas y evaluación permanente. Sin crítica no hay rendición de cuentas. Sin debate no hay instituciones sólidas.
Incluso la literatura ha reflexionado sobre ello. En Los relámpagos de agosto, Jorge Ibargüengoitia utiliza la sátira para desmontar discursos oficiales y mostrar las contradicciones del poder. El humor político no debilita la democracia; evita que el poder se sacralice.
También el cine ha mostrado que el liderazgo democrático exige templanza ante la presión y el desacuerdo. En Lincoln, dirigida por Steven Spielberg, se retrata a un gobernante que comprende que el conflicto, la oposición y la crítica forman parte del proceso institucional. No responde desde la susceptibilidad, sino desde la responsabilidad histórica del cargo.
En términos coloquiales: hay que aguantar vara.
Quien decide asumir una función pública debe estar preparado técnica y jurídicamente, pero también emocionalmente. Se requiere madurez, inteligencia emocional y sentido institucional. No para tolerar la difamación, sino para comprender que la crítica sobre el ejercicio del poder forma parte del pacto democrático.
El poder no se ejerce desde la fragilidad. Se ejerce desde la responsabilidad. Y la responsabilidad implica aceptar que el escrutinio es parte del encargo.
Referencias
Comisión Interamericana de Derechos Humanos. (2009). Informe anual de la Relatoría Especial para la Libertad de Expresión 2009. Organización de los Estados Americanos.
Comisión Interamericana de Derechos Humanos. (2010). Marco jurídico interamericano sobre el derecho a la libertad de expresión. Organización de los Estados Americanos.
Organización de los Estados Americanos. (1969). Convención Americana sobre Derechos Humanos (Pacto de San José).
Ibargüengoitia, J. (1965). Los relámpagos de agosto. Joaquín Mortiz.
Spielberg, S. (Director). (2012). Lincoln [Película]. DreamWorks Pictures / 20th Century Fox.





