Atrapan a 8 de célula delictiva con armas largas y droga en Periférico
MORELIA, Mich., 4 de mayo de 2026.- Frente al Palacio de Gobierno, en la emblemática avenida Madero, amanece con una veintena de patrullas. Es un operativo que se repite: una formación compacta de más de 500 efectivos —entre militares y elementos de la Guardia Nacional—.
Funcionarios estatales, municipales y representantes federales permanecen agrupados en la escalinata principal: el gobernador conversa con un general en uniforme, a su lado el delegado de la Guardia Nacional intercambian teléfonos y papeles logísticos; detrás, las cámaras oficiales registran cada gesto.
Patrullas y vehículos blindados cruzan la avenida en fila, sirenas apagadas, luces intermitentes encendidas; algunos soldados descienden para informar sobre la salida. Oficiales revisan mapas plegables y listas de rutas; radios crepitan instrucciones. Ciudadanos observan desde las aceras o atraviesan la plaza con prisas, acostumbrados a estos espectáculos de presencia castrense.
En Michoacán, con cada episodio de violencia brutal aparecen estos tipos de operativos. Con funcionarios prometiendo que con más policías federales y militares va a recobrarse la seguridad en la entidad.
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