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SAN LUIS POTOSÍ, SLP., 3 de octubre de 2026.- El plan de un viaje a Puerto Vallarta debe haber sido muy parecido al de tantos turistas, unos días para descansar, mirar el mar, tomarse fotografías y compartir con la familia o amigos gratos recuerdos.
Nadie podía imaginar que aquella playa sería el lugar donde Carmen Guadalupe Alvarado de la Fuente sería vista por última vez.
Carmen tenía 24 años. Era potosina, estudiante de la Facultad de Agronomía y Veterinaria de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí y hermana gemela de Paola.
El sábado 26 de septiembre disfrutaban en Playa de Oro, en Puerto Vallarta. Ambas se encontraban cerca del mar cuando las condiciones cambiaron y una fuerte ola las sorprendió, el mal tiempo estaba previsto, se trataba de condiciones provocadas por el huracán Polo.

Una gran ola las sorprendió, Paola consiguió ser rescatada y Carmen fue arrastrada por la corriente y desapareció frente a la mirada de quienes intentaron ayudarlas. Desde ese momento comenzó una búsqueda que durante cuatro días involucró a guardavidas, Protección Civil, personal de la Secretaría de Marina, embarcaciones, motos acuáticas y drones.
La búsqueda se extendió más allá de Playa de Oro. Los equipos realizaron recorridos por distintos puntos de la costa, incluso hacia zonas de Bahía de Banderas y Cabo Corrientes, mientras las condiciones del mar complicaban las labores.
Durante horas, la familia esperó una noticia. Cada recorrido de una embarcación podía alimentar la esperanza de encontrarla. Cada aviso, cada señal en el mar, cada posible indicio podía significar el regreso de Carmen.
Pero las horas se convirtieron en días y el mar no devolvió respuestas. Las condiciones marítimas, las corrientes y la visibilidad dificultaron algunas de las maniobras de búsqueda. Aun así, los equipos continuaron trabajando por mar, tierra y aire hasta completar aproximadamente 96 horas de operativo permanente.
Después, la noticia que la familia no quería escuchar: la búsqueda fija tendría que terminar sin haber encontrado a Carmen.
Los guardavidas continuarían realizando sus recorridos habituales y permanecerían atentos ante cualquier posible indicio, pero el despliegue permanente de los cuatro días anteriores había terminado.
Y Carmen sin aparecer. Finalmente, sus seres queridos tuvieron que comenzar a despedirse.
Frente al mar de Puerto Vallarta, el mismo que se la llevó, la familia realizó una ceremonia religiosa. No hubo cuerpo. Como no hubo un último abrazo, ni una despedida.
Solo una playa, oraciones y la ausencia de una joven de 24 años.

Su hermano Daniel agradeció a los rescatistas, familiares y voluntarios que participaron en la búsqueda y pidió continuar con las oraciones. La familia, de acuerdo con los reportes publicados, mantiene la esperanza de que algún día puedan recuperar el cuerpo de Carmen para darle sepultura.
En San Luis Potosí, la noticia alcanzó a la comunidad universitaria. Carmen estudiaba en la Facultad de Agronomía y Veterinaria de la UASLP, institución que expresó su pesar por lo ocurrido y acompañó a sus familiares y amigos en este momento.
Una semana después de aquella tarde, la historia de Carmen permanece suspendida entre el mar y la tierra.
En estas circunstancias, siete días pueden parecer una eternidad. Pero mientras no aparezca, Carmen sigue siendo una ausencia y una esperanza de la que quizá nadie habla en voz alta.
El mar guarda la última respuesta.
Reproducción autorizada citando la fuente: Quadratín SLP
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