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SAN LUIS POTOSÍ, SLP., 4 de septiembre de 2026.- Las huellas dactilares son una especie de firma biológica que cada persona lleva en las yemas de los dedos y que, pese al avance de tecnologías como el reconocimiento facial y el ADN, continúa siendo fundamental para la identificación humana.
La dactiloscopia estudia y clasifica los dibujos formados por las crestas papilares de los dedos. No existen dos personas con las mismas huellas, ni siquiera gemelos idénticos, y estas permanecen prácticamente sin cambios durante toda la vida, salvo que se destruya la capa profunda de la piel.
La fecha está vinculada con el argentino Juan Vucetich, quien el 1 de septiembre de 1891 elaboró las primeras fichas dactiloscópicas del mundo y desarrolló el sistema conocido como Método Dactiloscópico Argentino.
Su aportación cambió la identificación criminal. Antes de la expansión de las huellas dactilares se utilizaron métodos como la antropometría, basada en mediciones físicas del cuerpo, pero la clasificación de las impresiones digitales ofreció una herramienta más práctica para distinguir individuos.
Las huellas se agrupan principalmente en arcos, curvas y espirales. Dentro de estos dibujos existen pequeños detalles llamados puntos característicos o minucias; su combinación, distribución y forma permiten realizar los cotejos.
En una investigación criminal, las huellas que quedan accidentalmente sobre una superficie pueden convertirse en huellas latentes. Los especialistas pueden procesar determinados objetos y superficies para intentar recuperarlas y posteriormente compararlas con registros existentes.
El objetivo no es solamente incriminar. Una coincidencia puede relacionar a una persona con un lugar, pero también puede ayudar a descartarla y demostrar que una sospecha de identidad era incorrecta. INTERPOL señala precisamente que la evidencia dactiloscópica puede confirmar o refutar la identidad de una persona.

La dactiloscopia dejó atrás las enormes colecciones de fichas de papel. Actualmente existen sistemas automatizados capaces de comparar impresiones digitales contra grandes bases de datos.
INTERPOL utiliza su Sistema Automático de Identificación Dactilar (SAID/AFIS) para intercambiar y comparar huellas entre países. Desde su lanzamiento en 2000, el sistema ha contribuido a identificar a miles de personas, incluso casos en los que se utilizaron identidades falsas.
En México, las huellas también forman parte de las herramientas utilizadas para la búsqueda e identificación de personas desaparecidas. La Comisión Nacional de Búsqueda señala que los datos biométricos, entre ellos las huellas dactilares y fotografías faciales, pueden ser confrontados con distintas plataformas para obtener información que contribuya a establecer una identidad.
De hecho, el Banco Nacional de Datos Forenses contempla entre sus sistemas interconectados el Sistema de Identificación de Huellas Dactilares (AFIS), junto con bases de información genética y otros registros forenses.
Más de 130 años después de las primeras fichas de Vucetich, la tecnología cambió la manera de leer las huellas, pero no su principio fundamental: cada persona deja en sus manos una característica biológica que puede ayudar a establecer quién es.
Reproducción autorizada citando la fuente: Quadratín SLP
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