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SAN LUIS POTOSÍ, SLP., 16 de agosto de 2026.- Cuando termina la búsqueda entre los escombros y las primeras brigadas de emergencia abandonan una zona devastada por un desastre natural, la crisis no ha terminado: comienza una etapa mucho más larga, la de reconstruir viviendas, comunidades y vidas.
La doctora Patricia Julio Miranda, coordinadora de la Licenciatura en Arqueología de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanidades de la UASLP y especialista en Ciencias de la Tierra, explicó que la recuperación posterior a un desastre debe contemplar mucho más que la atención inmediata de las víctimas.
Tras un sismo, una de las primeras tareas corresponde a los grupos especializados en búsqueda y rescate de personas atrapadas entre los escombros. Después comienza una segunda etapa en la que deben garantizarse servicios de salud, alimentación, alojamiento y asistencia para quienes perdieron sus viviendas.
Pero incluso cuando las personas cuentan nuevamente con un techo, las consecuencias del desastre pueden permanecer durante mucho tiempo.

La especialista destacó la importancia de proporcionar atención psicológica a quienes enfrentan la pérdida de familiares, viviendas, pertenencias y condiciones de vida.

“Muchas personas enfrentan no sólo la pérdida de su vivienda o pertenencias, sino también situaciones de incertidumbre y un fuerte impacto emocional”, explicó.
La recuperación también obliga a revisar por qué una comunidad resultó tan vulnerable frente a un fenómeno natural.
Factores como el incumplimiento de reglamentos de construcción, una planeación deficiente de infraestructura o incluso prácticas de corrupción pueden aumentar considerablemente los daños provocados por un sismo, una inundación, un huracán o cualquier otro fenómeno.
Por ello, reconstruir no debería significar simplemente volver a levantar lo que se perdió, sino identificar las condiciones que hicieron posible que el desastre tuviera consecuencias tan graves.
La especialista señaló que la experiencia acumulada por México frente a los terremotos y otros fenómenos naturales permite comprender la complejidad de los procesos que enfrentan actualmente las comunidades afectadas.
La recuperación requiere coordinación entre autoridades, especialistas y población, pero también tiempo.
La verdadera reconstrucción comienza cuando deja de hablarse de emergencia y las familias tienen que volver a construir su vida cotidiana, desde conseguir una vivienda hasta recuperar sus fuentes de ingreso, escuelas, servicios y redes comunitarias.
Por ello, la gestión del riesgo debe comenzar mucho antes de que ocurra un desastre, mediante mejores normas de construcción, planeación urbana, infraestructura adecuada y preparación de la población.
Reproducción autorizada citando la fuente: Quadratín SLP
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