SAN LUIS POTOSÍ, SLP., 16 de septiembre de 2019.- Mucho antes de que existiese el Mercado de la Merced y el Jardín Colón, se encontraba en el mismo terreno la iglesia, el convento y el barrio de San Laurencio del Orden de Nuestra Señora de la Merced Redención de Cautivos.

El catedrático e historiador, Rafael Montejano y Aguiñaga, indica en su obra La Merced, su iglesia y su plaza, que una vez formadas las siete villas, se erigió la ermita de San Laurencio, por el capitán Gabriel Ortiz de Fuenmayor.

La historia relata que durante el Día de San Lorenzo, un 10 de agosto de 1606, los criados y la gente del capitán Fuenmayor lo esperaban cerca de la llamada “palma gorda” -una planta ubicada donde ahora se encuentra el reloj de la Merced-, cuando una grave tormenta cubrió el cielo y cerca de donde se encontraba la gente de Fuenmayor, cayó un rayo del que, por fortuna, todos salieron ilesos.

Ante tales acontecimientos el capitán prometió la construcción de la ermita de San Lorenzo, la cual se convirtió en una de las más concurridas.

ORIGEN DE LA CONSTRUCCIÓN

Después del fallecimiento del capitán Fuenmayor en mayo de 1617, su esposa, doña Isabela Pérez, entró en tratos con los mercedarios que visitaban San Luis con la intención de erigir su iglesia y convento, y a quienes le cedió la ermita y el solar anexo.

Para 1622, la orden de los mercedarios obtuvo una licencia de la mitra de Michoacán, para comenzar con la creación de su convento. No sin enfrentar dificultades con los franciscanos y agustinos.

Sin embargo, con el pasar de los años y debido a que la ermita les pareció pequeña, decidieron derribar la antigua capilla y colocar la piedra fundamental de la nueva iglesia el 20 de julio de 1681.

Fue concluida cuatro años después y la ermita se convirtió en la suntuosa y barroca iglesia de Nuestro Señora de la Merced Redención de Cautivos que, junto con su convento, se ubicaba entre la ciudad y la Garita de México, y entre las villas de San Sebastián y San Miguelito.

Lo que más destacaba de la iglesia eran sus nueve altares interiores de estilo barroco estípite, parecidos a los que se encuentran en el Templo del Carmen. Ocho de los retablos estaban hechos de madera sobredorada, de tres cuerpos cada uno y tres carreras; en 1765, se colocó un colateral de la María Santísima de la Luz, con una repisa dorada, marcos dorados y un nicho con su vidriera.

En 1782 se volvieron a hacer modificaciones al templo, cuando se demolió la torre original y se volvió a hacer de nuevo con balcones de fierro, su veleta con cruz de Caravaca pintada, una campana y cuatro esquilas.

Su interior estaba adornado por dos grandes candiles en forma de barco, regalo del capitán José María Otahegui, en 1787. Ambos sobreviven hoy en día, uno luce en el templo de San Francisco y el otro en el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, donde fueron acogidos los mercedarios.

La fachada de la iglesia daba a la calle de Zaragoza; al lado poniente se encontraba el cementerio, con un esbelto arco de entrada y coronado por el escudo de la orden, el cual se conserva en el Museo Francisco Cossío; el convento se tenía al lado oriente; y por atrás, la pequeña huerta.

DEMOLICIÓN SIN PIEDAD

El 24 de marzo de 1862 comenzó la demolición de la iglesia y el convento por órdenes de Jesús González Orteaga, y por lo que Montejano y Aguiñaga describe como “la fobia liberal reformista”.

Después del derrumbe de la iglesia, en el lugar apareció un tianguis callejero, seguido por un mercado; años después un jardín y, más tarde el monumento que se conserva hasta estos días. Debido a su arte barroco estípite de su interior, sus estofados y lienzos, la iglesia de La Merced era considerada como una de las joyas artísticas más apreciadas de San Luis Potosí.