CIUDAD VALLES, SLP., 23 de enero de 2020.- El pasado y el presente de nuestra Huasteca están a la vista en el Museo Tamuantzán. El inmueble, inaugurado por el presidente Ernesto Zedillo el 23 de enero de 1997, enmarca la arqueología, etnografía e historia de las culturas de la región.
Una de esas piezas representativas y de reciente descubrimiento es la «Estela de los Flamingos» -encontrada en la zona arqueológica de Tamtoc- a la que se considera la primera de este tipo en la arqueología mexicana.
Resalta una fotografía de «La Apoteósis», la deidad que representa por uno de sus lados, la vida, y por el otro la muerte, y cuya presencia impresiona al visitante, debido a su misticismo.
Su original se exhibe en el museo de Brooklyn, Nueva York, y los grabados en las extremidades inferiores -semejando al maíz- son idénticos a los que muestra el «Adolescente Huasteco», en una réplica que también se observa adelante.
Entre alfarería y cerámica de nuestros antepasados, descansan en las vitrinas figurillas de cuarzo y concha, molcajetes, utensilios de piedra pulida, artesanías fabricadas en hueso y vasijas con misteriosos dibujos.
Destacan además: una urna consagrada a los muertos, el huilanche o metate (con el que se trituraba maíz), y un cráneo deformado (proveniente de Tamtoc) con las evidencias del pulido de dientes como símbolo de estética.
En el inmueble es posible internarse en las costumbres populares de los habitantes de la Huasteca, desfilando entre quesquémes, zapupes, piezas de cerámica o palma, y deteniéndose para admirar los altares a los muertos y a la lluvia.
También están representados los cultivos del maíz y del frijol, que se desempeñaron con utensilios de asombrosas particularidades; sin olvidar la pesca, de cuya actividad se observa una canoa tallada de una sola pieza en un tronco de ceiba.
De la explotación piloncillera y del café se exhiben trapiches, morteros elaborados con árbol de ceiba y orejón, con sus correspondientes recipientes y moldes acomodados en diversos espacios.
Como recordando al huapango y a la «danza de las varitas», reposan las arpas, guitarras, jaranas, flautas, maracas, violines y tambores: Artículos que son esenciales de nuestro folclor.
El trayecto acaba con una réplica exterior de la «Cruz de Palenque», con sus grabados en relieve de plantas de maíz y figuras de guajolote, así como los prototipos de viviendas tének y náhuatl.