SAN LUIS POTOSÍ, SLP., 15 de septiembre de 2019.- Son las 7 am, tiempo de Holanda, e Itzel Morales se apresura a levantarse, sabe lo que el día le aguarda: clases intensas, un ambiente estudiantil tranquilo y a su parecer, mala comida.

Tiene un año en la ciudad de Enschede, donde estudia la maestría en Mecánica especializada en Biomecánica y Robótica.

La pequeña pero agradable ciudad europea donde decidió hacer su posgrado pareció recibirla con los brazos abiertos, acostumbrada a los extranjeros, convergen en ella diversas culturas sin perder la esencia y cualidades propias, como la seguridad, el respeto por el ciclista y el gusto de sus ciudadanos por los paseos al aire libre.

A Itzel lo que más le gusta de Enschede es que todo está cerca, siempre hay algo interesante por hacer y la tranquilidad proveniente de los pocos hechos delictivos y el casi nulo tráfico en sus vialidades, la convierten en ciudad donde es posible moverse a ritmo de bicicleta.

Tras su última visita a San Luis, señala que al regresar a Holanda disfrutará lo más posible de las tardes soleadas y del poco calor restante, porque se acerca la temporada de otoño-invierno y la región comenzará a oscurecer desde las cinco de la tarde, en donde la tiniebla se acompaña, cuando la naturaleza es compasiva, de temperaturas de menos diez grados bajo cero.

UNIVERSIDAD MULTICULTURAL

Itzel estudió Mecatrónica, y entusiasmada con la idea de especializarse en el área de la salud, decidió aventurarse y aprovechar una beca de Conacyt para emprender el viaje e inscribirse en la Universidad de Twente, donde las clases de su maestría se imparten en inglés y el programa de estudios es acelerado y dividido en bimestres.

En las aulas existe una variedad de nacionalidades y culturas, de manera que, en cuanto a las latinas, lo más común es encontrarse con mexicanas y colombianas, mientras que del resto del mundo, la ciudad es destino principal de chinos e indios.

Quizás esté de más confirmar que el equipo con el que cuenta la universidad es de primera. La rigurosidad del programa se ve amortiguada por la accesibilidad de sus profesores y de los jóvenes holandeses, quienes pese a ser algo cerrados al principio con los extranjeros, terminan por socializar con esas alegres criaturas amantes de la comida picante, un placer, por cierto, que les es negado en el país, una de las pocas razones de Itzel para extrañar el hogar potosino.

A fin de ahorrar dinero, la mayoría de los estudiantes foráneos rentan una habitación en complejos habitacionales acondicionados para este fin, experiencia que Itzel menciona han aprovechado para conocerse mejor e inclusive, hay noches en las que cada uno cocina algún platillo típico de sus sitios de origen para los demás compañeros.

SABOR ÁRABE

Los holandeses son amantes de la comida frita (en especial las patatas), los panes y el queso, la comida rápida tiene gran aceptación, pero a Itzel y a sus compañeras latinas no las termina de convencer, por lo que, a falta de los intensos sabores mexicanos, optan por comer en restaurantes de comida árabe de vez en cuando, por ser más sabrosa y condimentada.

El costo del conocimiento

Para poder acceder a su educación, Itzel debe pagar al año 14 mil 500 euros (más de 315 mil 500 pesos), de los cuales 12 mil 500 son cubiertos por Conacyt. A su llegada, bastó con dos mil euros (más de 43 mil 500 pesos) para adaptarse y sobrevivir durante un mes.

La estudiante potosina señala que uno de los productos más caros de adquirir es la fruta, y que en una ocasión llegó a pagar cinco euros para comprar un solo mango, sin embargo, señala que 30 euros (cerca de 650 pesos) son suficientes a la quincena para adquirir lo esencial del mandado. De cualquier manera, la experiencia vale cada centavo.