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SAN LUIS POTOSÍ, SLP., 8 de septiembre de 2026.- La tecnología puede utilizarse como una herramienta para fortalecer determinados aprendizajes desde la primera infancia, pero la evidencia disponible no respalda que pasar más tiempo frente a una pantalla produzca por sí mismo un mejor desarrollo cognitivo.
La diferencia está en cómo se utiliza la tecnología: el contenido, la interacción con el adulto, el objetivo pedagógico y la edad del menor son algunos de los factores que determinan sus posibles beneficios.
Una revisión sistemática publicada en 2024 sobre tecnología educativa y alfabetización temprana encontró que distintas herramientas digitales pueden utilizarse para apoyar el aprendizaje inicial de la lectura en niños de preescolar. Sin embargo, los investigadores han señalado la necesidad de seguir evaluando en qué condiciones estas herramientas son realmente efectivas.
La OCDE también ha advertido que la evidencia sobre los efectos de la tecnología digital durante la primera infancia todavía es inconclusa. Para los menores de entre cero y seis años, apunta, la calidad de la experiencia digital puede ser más relevante que la cantidad de tiempo de exposición.
Esto implica que una actividad en la que un niño utiliza una aplicación para resolver un problema, crear una historia, reconocer sonidos o experimentar con conceptos puede tener un propósito distinto al consumo pasivo de videos.
De hecho, una revisión sistemática y metaanálisis publicada en JAMA Pediatrics analizó estudios sobre el contexto en que los menores de seis años utilizan pantallas y su relación con resultados cognitivos y psicosociales. La investigación partió precisamente de la necesidad de dejar atrás la idea de medir únicamente el tiempo total frente a una pantalla.

La discusión resulta especialmente relevante en los primeros años de vida, cuando se desarrollan habilidades relacionadas con el lenguaje, la atención, la memoria, la interacción social y la resolución de problemas.
La Organización Mundial de la Salud recomienda que los niños de 3 y 4 años no pasen más de una hora al día en actividades sedentarias frente a una pantalla, y señala que menos es mejor. Para los niños de dos años también establece un máximo de una hora, mientras que para los menores de un año no recomienda tiempo sedentario frente a pantallas.
La recomendación no significa que la tecnología tenga que desaparecer de las escuelas. La propia UNESCO plantea que las herramientas digitales pueden contribuir al aprendizaje, pero deben apoyar la interacción humana y no sustituirla.
En San Luis Potosí, el tema ha adquirido relevancia tanto en el ámbito educativo como en el académico.
En junio pasado, el psiquiatra José María Hernández Mata, de la Facultad de Medicina de la UASLP, advirtió que el uso excesivo de tabletas y teléfonos celulares puede interferir con el desarrollo emocional y cognitivo de niñas, niños y adolescentes, particularmente cuando estos dispositivos sustituyen la interacción humana.

Además, una investigación desarrollada en la Benemérita y Centenaria Escuela Normal del Estado de San Luis Potosí analizó el uso de herramientas tecnológicas para favorecer el aprendizaje mediante el juego en un grupo de segundo año de preescolar. El trabajo reportó que la incorporación de recursos digitales permitió generar actividades más dinámicas y participativas.
El tema incluso tiene antecedentes locales más amplios. Una investigación publicada sobre el uso de TIC en niños de preescolar en San Luis Potosí aplicó una encuesta a mil 529 alumnos de planteles públicos y privados para analizar su relación con las tecnologías digitales.
Mientras tanto, la Secretaría de Educación Pública mantiene dentro de la formación de docentes de preescolar contenidos relacionados con las tecnologías digitales para el aprendizaje y la enseñanza, lo que muestra que la discusión ya no es únicamente si los dispositivos deben estar presentes, sino cómo deben utilizarse pedagógicamente.
El propio Gobierno de México abrió este año un debate nacional sobre el uso de dispositivos digitales en las aulas y su impacto en la educación y la salud mental, con el objetivo de construir políticas basadas en evidencia.
La pregunta para las escuelas, por tanto, no parece ser solamente “¿usar o no usar tecnología?”, sino qué herramientas aportan realmente al aprendizaje, durante cuánto tiempo, con qué acompañamiento docente y qué actividades tradicionales no deberían ser desplazadas por una pantalla.
Reproducción autorizada citando la fuente: Quadratín SLP
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