CIUDAD VALLES, SLP., 7 de diciembre de 2019.- Desde 1939 existía la inquietud de crear un ingenio azucarero, y un español -Marino Gambos- había construido uno en el ejido El Pujal de Ciudad Valles, que nunca llegó a funcionar. Pero la expectación permanecía debido a que la región huasteca es propicia para el cultivo de la caña y en general existían todas las condiciones para que esta industria floreciera convirtiéndose en un detonante económico.

Surgieron entonces varios promotores de la empresa (como Javier Gallegos y Baltasar Peña), pero la construcción no resultaba fácil porque los grandes capitales de la industria azucarera parecían no ver con buenos ojos la instalación de nuevas fábricas, debido a que el mercado exterior no absorbía la totalidad de la producción y en bodegas se almacenaban millares de toneladas.

No obstante, estudios previos determinaron que Valles era la zona indicada para ello. Se concluyó que existía una amplia zona dedicada al cultivo de la caña, que pese a perturbaciones ciclónicas era uno de los cultivos menos afectados por estos fenómenos; además, en la zona se había fracasado en la producción de algodón y cítricos.

En los cultivos de la gramínea, cada año se resentían pérdidas y quedaban millones de toneladas sin explotar debido a las dificultades del transporte o por el alto costo del mismo, ya que era necesario el traslado a Xicoténcatl y Ciudad Mante; por eso resultaba inaplazable la edificación de un ingenio azucarero.

Existían entonces más de 10 mil hectáreas sembradas con caña, de donde en la zafra 1958-1959 habían surgido más de 400 mil toneladas distribuidas en los mencionados ingenios tamaulipecos y otros trapiches instalados en la región huasteca. También se tenía registro de 190 mil toneladas de caña que habían quedado en pie por el alto costo del traslado.

Las distancias entre Valles y las dos fábricas más cercanas (Mante y Xicoténcatl) eran de 230 y 260  kilómetros, por ferrocarril y carretera, respectivamente, con distancias mínimas de 130 y 160  kilómetros, y costos que fluctuaban desde 18 hasta 45 pesos por tonelada, los que en promedio hacían incosteable el cultivo de la caña de azúcar en la zona.

Justificado plenamente el proyecto desde el punto de vista climático, social y económico, se iniciaron las investigaciones tendientes a la integración de la zona de abastecimiento y de la unidad industrial. El proyecto –incluso- fue tomado como promesa de campaña y así, el candidato presidencial Adolfo López Mateos llegó a ofrecer la instalación del ingenio en Valles.

PRIMERA PIEDRA

El sueño de los promotores de la obra tomó forma el 30 de agosto de 1960, cuando el entonces secretario de Agricultura y Ganadería, Julián Rodríguez Adame -quien acudió en representación del ya primer mandatario López Mateos- y el gobernador del estado Francisco Martínez de la Vega, colocaron la primera piedra de lo que sería la fábrica, en un terreno donado por el coahuilense Braulio Fernández Aguirre.

Situado a tres kilómetros al poniente del centro de Ciudad Valles, el ingenio Plan de Ayala ocuparía tres hectáreas de las totales que tenía el predio. Tenía una capacidad diaria de siete mil toneladas de azúcar y una producción anual de 90 mil, venidas de 14 mil hectáreas que se consideraron como la zona de distribución.

Le fueron instalados seis molinos, cuatro calderas, sala de bagazos, fábrica de azúcar, planta eléctrica con capacidad generadora de cinco mil kilovatios, conductos de caña, mesas alimentadoras, grúas autoestables, almacén de azúcar, talleres, fábricas de alcohol, zona urbana para casas de trabajadores del ingenio, patio “batey”, caminos, ferrocarril interior y canal hacia el río Valles.

INVERSIÓN: 237 MDP

La maquinaria fue traída de Alemania. La inversión efectuada ascendió a 237 millones de pesos, y la construcción estuvo a cargo del Gobierno Federal por conducto del Fondo Nacional de Fomento Ejidal, y de la Secretaría de Agricultura y Ganadería; el diseño y construcción fue realizado por la Secretaría de Agricultura a través de su Dirección General de Ingeniería Agrícola.

De la inversión total, unos 140 millones correspondieron al valor total de la maquinaria, mientras que los 97 millones restantes fueron invertidos en su instalación y en la construcción de las obras complementarias, como almacenes, talleres mecánicos y eléctricos, espuelas de ferrocarril, servicios de agua para usos industriales y demás obras.

La estructura estuvo compuesta de 35 mil metros cúbicos de concreto, dos mil 300 toneladas de hierro en los edificios y siete mil 500 de maquinaria; el personal (unos 750 trabajadores) que se contrató para construir esta magna obra, fue guiado por el ingeniero Emilio Gutiérrez Anaya, aunque se tuvo la supervisión de técnicos alemanes.

Además, ingenieros industriales mexicanos de reconocida capacidad, recorrieron centros manufactureros de equipos industriales de países que habían ofrecido créditos para el establecimiento o la ampliación de ingenios azucareros. Tuvieron que discutir con el mayor detalle los proyectos de ingeniería, así como examinar y ajustar las dimensiones y especificaciones de la maquinaria.

Solo un 30 por ciento del material de construcción fue adquirido en el país, pero los trabajos de construcción del ingenio derramaron en la región aproximadamente 40 millones de pesos por concepto de sueldos. El 1 de febrero de 1963, el secretario Rodríguez Adame regresaría acompañado por su homólogo de Hacienda, Antonio Ortiz Mena, para supervisar las obras de construcción.

Entretanto se realizaban estudios de mecánica de suelos pues el terreno presentó dificultades. La cimentación debió desplantarse a una profundidad promedio de 12 metros, ante el peso de los aparatos, maquinaria y refacciones (siete mil quinientas toneladas), y el de las estructuras (dos mil 250 toneladas de fierro). En total el volumen de las excavaciones de fue de 175 mil metros cúbicos.

Los departamentos que finalmente quedaron establecidos fueron: Batey, molinos, calderas, patio de bagazo, planta de fuerza, clarificación, básculas de guarapo, clarificadores, filtros de cachaza, encalado, precalentadores, sulfatación, evaporación, tachos, cristalizadores, centrífugas, refinería, elevadores, secador de azúcar, y envasado de azúcar.

UN DULCE SUEÑO HECHO REALIDAD

Luego de arduas maniobras y adaptaciones necesarias que dejaron listo el ingenio azucarero, el presidente de la República, Adolfo López Mateos, llegaría para el acto de la inauguración oficial el 1 de diciembre de 1963: Primero develó el monumento de Emiliano Zapata, y a las 2:15 de la tarde hizo lo propio con la placa inaugural de la fábrica; luego efectuó un recorrido por las instalaciones.

El primer gerente general fue el ingeniero Guillermo Uribe Flores, quien se puso al frente de una industria que beneficiaría a dos mil 528 familias campesinas, 600 de obreros y empleados permanentes, y por lo menos a tres mil cortadores. La oportunidad de ocupación era para un millón 300 mil jornales y tareas de campo por cada ciclo de zafra.