SAN LUIS POTOSÍ, SLP., 26 de junio de 2019.- Todos seríamos felices si la buena fortuna perdurara para siempre, si como familia no tuviésemos que enfrentar obstáculos y los momentos bellos nunca se fueran; pero para evolucionar se requiere de vivir malas rachas, es ahí cuando el apoyo de nuestros seres queridos puede hacer la diferencia entre aprender y avanzar, o derrotarse.

Es el caso de la familia Gómez Fernández, quienes a pesar de la complicada situación que enfrentan han podido disminuir la carga del jefe de familia, Gabino Gómez Loida, logrando adoptar sus roles en casa para que el padre se encargue sólo de traer el sustento; la emprendedora familia elabora deliciosas tartas de distintos sabores y las vende para apoyar un ingreso extra.

Gabino es oficial de la Dirección General de Seguridad Pública Municipal (DGSPM) desde hace 21 años y su responsabilidad es resguardar la Unidad Administrativa Municipal (UAM); mientras él cumple con sus labores durante el turno matutino, su hijo de 17 años, su nuera, su suegra y una amiga cercana elaboran los pasteles que al día siguiente él vende en la UAM por 10 pesos cada uno.

UNA DURA PRUEBA

Esta familia era de 10 integrantes, pero hace poco más de dos meses uno de ellos -su hijo- falleció; la pérdida fue terrible para todos, vino a sumar más dolor a un hogar que de por sí ha tenido que lidiar con el sufrimiento constante de María del Carmen, la esposa de Gabino.

Hace algunos años la pancreatitis aguda no tuvo piedad, sufrió un paro respiratorio y esto causó que una especie de muerte en el tallo de su cerebro. Mari Carmen no habla, tampoco se mueve y deben alimentarla por medio de una sonda. En esa condición no pudo llorar la muerte de su hijo.

Pese al escenario adverso esta familia no se rinde, aunque Gabino no puede hacerse cargo de su compañera de vida por las responsabilidades como oficial de policía, recibe todo el apoyo de los abuelos, Carmela Martínez y su esposo.

Fue un aspecto espiritual de su vida el que los llevó a ese camino del emprendimiento, pues en el templo al que acuden se les enseñó todo el proceso para elaboración de repostería; Maricarmen era la encargada de elaborarlos, pero tras su enfermedad, todos debieron sumar esfuerzos y sacar adelante la producción de al menos 200 tartas al día.

El equipo de Quadratín San Luis Potosí acudió al hogar de la familia Gómez Fernández para presenciar el proceso de elaboración; fuimos recibidos por Ángel, preparado con una mesa invadida con ocho kilos de harina, huevo, leche, polvo para hornear y azúcar, sólo bastó la magia de sus manos para batirlos en 15 minutos.

“El secreto es el tanteo», asegura, pues no se basa en mediciones exactas al verter todo lo necesario; sólo coloca y su ya entrenado tacto, le hace saber cuándo la masa ha alcanzado el punto ideal; una vez reposada, pasa por las ocho manos que participan en el proceso.

La abuela Carmela redondea las esferas de masa, Heidi las oprime en una máquina manual de madera y enseguida van al molde de aluminio; Chayito se encarga de recortar el exceso, pasa el pay a Ángel para que le dé forma al postre y va colocando en charolas para hornear.

Aunque suena fácil, se trata de un proceso laborioso y lleva poco más de dos horas concluirlo, después de tener todas las tartas en el molde, Heidi se encarga de rellenarlas con queso y un ingrediente secreto, también de queso con nuez, cajeta, cajeta con nuez, fresa, piña y zarzamora.

La abuela Carmela y doña Chayito colocan tiras de masa en forma cruzada que asemejan una trenza; ya en el horno sólo falta esperar. Cuando esa puerta se abre, el aroma comienza a impregnar aquel hogar, donde el calor va más allá de un fogón encendido… se percibe más bien en el abrazo diario de una familia que, unida, se mantiene con la firma convicción de que juntos, siempre será posible endulzar un poco la vida, pese a la adversidad.