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Reforma en el bachillerato, un paso hacia la modernización educativa
Ya en este espacio he tratado sobre cómo la normatividad mexicana se queda retrasada respecto de avances en Ciencia, Tecnología e Innovación, CTI. Los casos que he comentado son mayormente sobre TICs e Inteligencia Artificial pero no es exclusivo de esta área CTI que la normatividad queda a la zaga.
Escribir sobre este particular es complicado cuando México tiene graves problemas económicos, de inseguridad y muchos más. Ciclo económico desventajoso y hasta amenazas por declaratorias de terrorismo.
Es más taquillero echar leña al fuego, pero estoy convencido que tratar esta temática, la de CTI, es necesario para el desarrollo de nuestro país, así que aquí voy con otro caso, pero ahora a partir de la Ingeniería de Tejidos.
En años recientes ha estado en franca consolidación la biotecnología. Se acude a ella para generar electricidad, para tratar efluentes líquidos o sólidos o bien para producir alimentos, desde lácteos hasta fermentados.
Entre ésta, la biotecnología, se halla la Ingeniería de Tejidos. Es una excelente alternativa para obtener tejidos sin grasa corporal ni tejido vascular; que son muy complicados de sintetizar todavía.
Pero también está siendo usada para obtener carne en laboratorio; sí así como se lee.
Ya desde 2013 se reportó que tejido en forma molida, como la de hamburguesas, se podía reproducir en laboratorio (https://www.sciencefocus.com/future-technology/the-artificial-meat-factory-the-science-of-your-synthetic-supper/). La cosa es aparentemente simple en técnica, así que cualquier laboratorio medianamente equipado podría producirlo.
Mi punto, como dije arriba, es que la normatividad mexicana, para variar, no está preparada para este paso en CTI.
No hablo de tener una ley para este asunto, ya tenemos demasiadas leyes, unas sin actualizar desde 1939 incluso, sino de hacer las adecuaciones, las reformas, pues, para normar y reglamentar lo que se debe hacer, lo que no, cómo y quién debe sancionar en caso de conductas indebidas, etcétera.
Me di a la tarea de buscar en los portales del poder legislativo y nada.
Vaya, ni siquiera hay detalles sobre el procesamiento de chocolate, que es considerado un alimento en reglamentos, nada de tolerancia de toxinas u otras del proceso chocolatero. Recordarán los casos recientes donde en presentaciones de atún se halló proteína de soja, ya por el aceite, adicionada intencionalmente o lo que fuera, pero no fue sino el mercado que ejerció presión real porque la norma brilló por su ausencia.
Mucho menos hay de carne hecha en laboratorio.
Ya que la idea de la carne sintética es promover la venta de este producto en restaurantes, comercios y demás, pues debería estar normado. No es pertinente esperar a consecuencia, inesperadas e imprevisibles, de la ingesta masiva de este producto.
En principio, pero no se sabe, es tejido de animal crecido en laboratorio, así es producto cárnico. Quizá no haya consecuencias dañinas, pero, otra vez lo digo, no se sabe. No hay estudios científicos claros al respecto y, en consecuencia, tampoco normatividad.
Luego entonces, sin análisis contundentes y con normas ausentes, lo más probable es que esta clase de productos cárnicos eventualmente entren al mercado mexicano. Y si el costo se abate ¿a qué sector cree usted, de la población, afectará? Exacto, a los menos favorecidos económicamente, a quienes tienen más estrés en su capacidad adquisitiva.
Es obviedad que de no haber efectos indeseables y abatimiento de costos esta tecnología podría poner proteína animal en mesas donde no siempre es posible. Cosa deseable. Pero aun así debe regularse y establecerse criterios de calidad en el producto mismo, su procesamiento, transporte, almacenamiento y demás.
El riesgo es para la población, la seguridad alimentaria, empresarios e inversionistas; hay riesgo para todos.
Pero mientras se siga pensando al pueblo con bata, a los científicos, pues, como fifís, como conservadores retrógrados, como conspiradores contra las directivas de CONACYT; mientras en esas estemos, no se podrán disminuir las aristas de la brecha tecnológica y del cuidado que obliga al estado mexicano sobre nuestra población cuando innovaciones se inserten en el mercado.