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Trump, ¡uy que miedo!
No es infrecuente hallar perfiles proclives hacia la Ciencia, Tecnología e Innovación, CTI, que, en edades tempranas, se atraigan por literatura de ciencia ficción tanto como de situaciones fantasiosas.
Julio Verne e Isaac Asimov son autores clásicos, pero también están los libros de historietas, llamados Comics, en sus diferentes estilos pictográficos, tendencias literarias, trabajo estético y mas.
Son temas frecuentes que llegan, incluso, a escucharse durante convivencias de estudiantes de posgrado o profesionales de áreas relativamente cercanas a la CTI, como las ingenierías; a veces argüidas de proféticas.
Suele ser común en la sobremesa y convivencia cómo es que el espacio-tiempo en realidades alternas es contrastante e incluyente, pero parece que no es exclusivo de perfiles jóvenes en la CTI.
Nada supera a la realidad o quizá la realidad siempre supera a la ficción; como sea, el efecto es que quienes vivimos en la realidad concreta nos vemos sorprendidos con aseveraciones desatinadas, por decirlo de alguna manera.
En ese contexto, de realidad alterna, se encuentran actos del ejecutivo federal como, por tener una breve lista:
Del primero, podemos asegurar que México es una economía dentro de las 14 o 16 más grandes del mundo, pero ya lo éramos desde hace lustros.
Empero, los resultados recientes de CONEVAL, BdeM e INEGI arrojan una realidad concreta que incluye incremento en población dentro de pobreza por millones de compatriotas, también una proyección en la tasa de inflación anualizada superior al 5%, además de ingresos por remesas que salvan la disponibilidad de recursos monetarios de las familias mexicanas.
La realidad alterna dicta en Palacio Nacional otros datos que les llevan tomar a decisiones de espacio-tiempo electoral.
Respecto de las UdeB, esta columna coincide en que falta incrementar la cobertura de educación superior a nivel nacional; una de calidad y competitividad internacional, en caso contrario terminarán como formadores de educación media superior.
Esa es la problemática, su solución no están simple como crear repentinamente más IES.
De hecho, ha trascendido que en las UdeB hay recortes de personal, de ese personal que trabajaba sin contrato; pero como no, si instituir IES requiere no sólo buena voluntad, eso es lo de menos, es necesario recursos materiales, estructura institucional, recursos financieros para inversión, mantenimiento y mucho más.
Las IES son socialmente importantísimas, pero cargan una condición financiera difícil porque se fundan compromisos de largo plazo; su sostenibilidad financiera es todo un reto.
Pero la realidad alterna dicta a los vecinos del zócalo en la CDMX que con un decreto es suficiente.
De las convocatorias de CONACYT; éstas son publicadas con apenas unos pocos días para que las propuestas sean enviadas, lo que se aprueba es que se realicen las propuestas extensas y para ello desde CONACYT se dice que tendrán algo de recursos.
Los recursos no llegan y los convenios tienen grandes conflictos en los relativo a la propiedad de los productos de la CTI pues piden a los responsables técnicos resultados sin haber ministrado recurso alguno, etcétera.
De hecho, colegas han externado que, en los nuevos convenios, CONACYT pide la propiedad intelectual e industrial, situación que ha causado escozor en las grandes universidades nacionales, ya que, al menos, los recursos universitarios también son usados y, además, no es claro cómo se protegen los derechos de las y los autores, que por cierto son inalienables.
En otros países se fomenta la CTI al compartir beneficios que resulten de cada invención desde la CTI entre el financiador, IES y personas; pero la realidad alterna del ejecutivo federal dicta actos distintos en Insurgentes Sur.