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Reforma en el bachillerato, un paso hacia la modernización educativa
Recientemente se ha permeado a la sociedad en general el concepto de Inteligencia Artificial, IA; esto debido principalmente a la gran cantidad de aplicaciones y la evolución tecnológica en dispositivos móviles, en internet de las cosas, IoT, tanto como en telecomunicación y el uso del espectro llamado 5G.
La IA se compone de un conjunto de algoritmos computacionales y su interacción con dispositivos periféricos. La IA nos ha hecho testigos de avances en robótica, IoT – que va desde electrodomésticos hasta domótica- y también en vigilancia y seguridad.
Después de los escándalos conocidos como Cambrige Analitika, la posible, por no demostrada, actividad desde Rusia en procesos norteamericanos y las declaraciones de extrabajadores de FaceBook; se ha revelado que la IA puede ser una herramienta en procesos electorales.
No siempre la intervención de la tecnología es perniciosa, depende más del objetivo que buscan alcanzar los desarrolladores de aplicativos. Podría hacer procesos mas limpios. Veamos.
Una posibilidad se da ante las modificaciones de protocolos en el proceso electoral a consecuencia de la condición pandémica. El día de la elección podría usarse IA para identificar al votante y disminuir el contacto con objetos y el intercambio entre manos de estos como, por ejemplo, la credencial de elector o la tinta indeleble.
Un algoritmo de IA podría identificar el rostro del votante y compararlo con del padrón del INE. Podría ser un proceso redundante si da negativa a la identificación. El algoritmo en línea podría excluir, automáticamente, la posibilidad de múltiple emisión de voto por quien de positiva la identificación de su rostro, una vez que haya votado. No se sabría por quién haya votado pues la IA sólo sería usada para identificarle y registrar su presencia en la casilla.
Otra posibilidad está en el censo de propaganda real en anuncios espectaculares. Con algoritmos georreferenciados e identificación de imágenes de base satelital se puede cuantificar el área y tiempo de duración de cada propaganda en cada espectacular de cualquier parte del país. Previniendo faltas al código electoral y hasta delitos electorales.
En México, por ser de interés público, los procesos electorales se financian con el erario nacional. Por ello es relevante que las nomas y su observancia puedan ser asistidas con IA, IoT y otros elementos tecnológicos.
En relación a campañas, ya algunos candidatos independientes han usado las plataformas de redes sociales digitales hacia diferentes puestos de elección. Ha habido resultados interesantes. No obstante, las redes sociales no necesariamente usan IA, depende de la programación de los algoritmos. Una de las dificultades en el ejercicio que han enfrentado, en el caso de ganar, es que llegan sin cuerpo político de soporte; pero ese es otro asunto.
Si bien la tecnología, como la IA y algorítmica, permite automatizar el análisis de discurso, las tendencias de preferencias, el monitoreo de eventos y percepciones, tanto cualitativas como cuantitativas, dejar en esta clase de ámbito sólo da alcances a los institutos políticos que conocemos como partidos. Es decir, ganar votos o propiciar que los contrincantes los pierdan.
Para desagrado, por decir lo menos, entre otras marrullerías, la IA ha sido enfocada, por razones obvias, en la promoción del voto y las redes sociales digitales, como único vehículo, para monitoreo y actos de propaganda. Pero además se ha usado para la generación de algoritmos de texto con respuesta automática, conocidos como bots, para denostar y desacreditar comentarios y opiniones.
La visión electorera es corta y propicia vulnerabilidad del sistema electoral completo.
IA, IoT y otras tecnologías han llegado para quedarse; la normatividad se ha quedado, de nueva cuenta, a la zaga. Habrá que reconocer, el uso de tales tecnologías para la observancia normativa y el cuidado de las manos entre contrincantes podría permitir procesos electorales cada vez menos sucios.