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Reforma en el bachillerato, un paso hacia la modernización educativa
Empezaré con algo que toda persona aprende en la educación básica y que, además, vive y siente día con día.
Los ojos, los oídos y la piel son órganos con función sensorial diferente entre sí. Algo que requiere un poco de más escolaridad es que el estómago, páncreas, hígado y riñones también son órganos con diferente función cada uno.
Los órganos interactúan entre sí para que el sistema que llamamos cuerpo humano sea funcional y operativo. La cosa es más compleja pero esto que digo es cierto.
Si algún órgano falla, el sistema puede, una de dos, o compensar en alguna medida y lapso siempre que la falla no sea vital o extinguirse.
Parto de estos rudimentos de conocimiento, los tomo porque la gente los sabe, los vive y, dado que según los papeles de la directora del CONACYT es docta en temas biológicos, quizá me pueda explicar.
Las y los científicos en una institución pública mexicana tienen una función específica. Conforman el área sustantiva en centros públicos de investigación, CPI´s, e instituciones de educación superior tanto para formar recursos humanos como generar y aplicar el conocimiento.
Las y los científicos no forman parte de comité de adquisiciones ni de servicios ni de bienes materiales, son la parte sustantiva que elabora justificaciones técnicas, pero no definen procesos ni deciden unilateralmente, no son sus funciones. Tampoco participamos en otros esquemas colegiados de toma de decisiones sobre recursos materiales y financieros, no es su función.
A lo más tienen representación, aunque el nombramiento se dé luego de maniobras convenientes para directivos institucionales. En todo caso eso es lo que debería modificarse, las maniobras con maña. Pero ese es otro tema.
Luego, CPI’s de CONACYT hemos recibido documentos oficiales que pretenden homologar la función en Ciencia, Tecnología e Innovación, CTI, con la de funcionarios públicos como sub-directores de área, cuyas funciones son claramente diferentes.
Si bien las y los científicos somos servidores públicos cuando estamos contratados en entidades públicas, situación que es enormemente mayoritaria en México ya que el mercado privado es prácticamente nulo, los profesionales de la CTI no somos funcionarios. En analogía a mi metáfora inicial, los ojos y oídos son órganos, pero ni uno es sensible a la luz ni el otro a las ondas sonoras.
No es literal, pero queda claro que las funciones son diferentes.
Con esa homologación comentada arriba se pretende argumentar y fundar el descuento servicial en salario y la eliminación de aguinaldo.
No se dice así de claro, pero esa información sugiere que esa es la intención en el contexto del mas reciente decreto donde la austeridad franciscana pretende lograr carácter de divinidad ante la peste –así como hace siglos en la Europa occidental-.
Luego, hay una mezcla irracional de las funciones desde las y los tomadores de decisiones.
Entretanto, se publica información, que a la fecha no se ha desmentida, sobre una adquisición por CONACYT para seguros de gastos médicos mayores para altos funcionarios; aquí cabe recordar que a las y los científicos nos fue eliminada esa prestación, sólo quienes tuvieron condiciones específicamente laborales la retuvieron.
Entre los privilegios y mañas actuales se halla la eliminación de fideicomisos de fondeo con proyectos en proceso, que implican ausencia de financiamiento a la generación y aplicación de conocimiento que beneficie a México, como los casos del de hidrocarburos y el de sustentabilidad energética; muy importantes para la nación pues sin energía nada se mueve.
Esto se combina con la presunta adquisición de seguros de gastos médicos mayores mientras a las y los profesionales de la CTI se pretende reducir el ingreso y aguinaldo. La situación no pinta nada bien.
Así el caso que muchos colegas me han preguntado, luego de la columna del pasado miércoles 22 de Abril de 2020, si está en riesgo el apoyo del Sistema Nacional de Investigadores, SNI. Recordemos que este apoyo permite la retención en México de científicas y científicos.
Les he contestado con este hecho: Un colega cercano me preguntó hace año y medio: “¿Cree que el proyecto que tenemos sea eliminado con las nuevas políticas federales?”.
Mi respuesta fue: “no creo, es difícil porque esos recursos están en fideicomisos que tendrían que extinguir para que ya no apoyen los proyectos. Quizá los que no tengan resultados podrían estar en riesgo, depende de lo técnico”.
Sácale, que sí los extinguieron. Ahí dejo la posibilidad, de probabilidad no nula, a quienes me han preguntado sobre el SNI.
Para cerrar con la misma analogía que he iniciado.
Una raíz de disfunción sistémica es que la cabeza, el cerebro, no interpreta correctamente las señales que le mandan los órganos. Entonces, las instrucciones son disfuncionales. Luego, en consecuencia, las medidas y respuestas sistémicas para operar y funcionar son disparates; que pueden llegar a ser patológicos.
Así, si un órgano vital falla, la alternativa es la extinción del sistema; aguas.
Pero hay directivos, con carreras cimentadas en ciencias biológicas, que no les queda claro esto, tampoco otros temas.