SAN LUIS POTOSÍ, SLP., 22 de septiembre de 2019.- En 1616 transcurridos 24 años de la fundación de San Luis Potosí (1592), un grupo de indios mestizos, mulatos libres y un español decidieron establecerse al sur de la ciudad, en las tierras donde hoy se ubica el barrio de San Juan de Guadalupe, estas extensiones fueron rechazadas por el barrio de San Miguelito, pero actualmente cuenta con un ejido de tierras codiciadas para el sector inmobiliario.

En 1597 el alcalde Mayor de San Luis otorgó a los habitantes del pueblo de San Miguelito la cantidad de dos mil 500 varas -en cuadro de tierra- a partir del templo y convento de San Francisco para formar San Francisco, San Miguel y Santísima Trinidad, pero la parte que hoy conforma el barrio y ejido de San Juan de Guadalupe, fue rechazada por considerarlo un terreno infructuoso, que años después llamaría la atención por el cauce del río Españita y las corrientes de agua de la sierra, que a la fecha se encuentran en litigio.

Al barrio de San Juan de Guadalupe llegaron otomíes, mexicanos y españoles originarios de los estados de Guanajuato y Jalisco, quienes se asentaron en tierras cercanas a la Basílica de Nuestra Señora De Guadalupe o Santuario de Guadalupe, este espacio fue llamado Tierra Blanca o Tierra Nueva y posteriormente San Juan de Guadalupe.

La población del barrio se dedicaba a la agricultura, sembrando principalmente calabaza, frijol, cebolla, maíz y caña, también fabricaron carbón y trabajaban la cantera; a finales del siglo XVIII, con la instalación de talleres de algodón y lana, realizaron artesanías y tejidos.

Desde 1676 el asentamiento se gobernó por un teniente de alcalde y fue considerada una villa suburbana, en 1824 se le reconoció como municipio y hasta en 1826 un pueblo o ayuntamiento, para 1868 se incorporó al municipio capitalino debido a la extensión de la ciudad y fue en 1934 cuando se conformó como ejido. Desde entonces el territorio y los predios permanecen en perpetuos litigios.

Con más de 350 años de antigüedad, este barrio ha logrado mantener sus costumbres y por ende el tejido social es sólido, por lo que sus habitantes vivieron unidos algunos cambios, como la compraventa de terrenos y la ampliación del acueducto de la Cañada de Lobo.

San Juan de Guadalupe tuvo al menos cuatro templos, tres de ellos dedicados a la virgen de Guadalupe, el primero es un antiguo Santuario que construyeron en 1661 y donde por más de 100 años celebraron procesiones y ceremonias solemnes importantes.

El segundo templo antecede al actual, data de 1654; el predio fue donado por Juan Pardo de Quezada y su actual templo comenzó a construirse en 1800, la torre se edificó en 1875 y a partir de esta fecha sufrió modificaciones, como el decorado de su interior en 1923 y la cobertura de loza de cantera en 1962. Existe la creencia de en el antiguo panteón de la villa existía un templo más.

SAN JUAN EN LA GUERRA

Durante la invasión estadounidense (1846- 1848) el barrio de San Juan de Guadalupe fue afectado por la guerra porque en la ciudad se encontraba asentada una tropa, el 17 de julio de 1847 se registró el mayor número de destrozos y las propiedades de al menos 31 personas resultaron devastadas, los daños ascendieron a 793 pesos y cuatro reales.

Para contrarrestar los ataques se diseñó una ciudadela en forma pentagonal que incluía el espacio donde actualmente existe el Lienzo del Charro y el panteón, que se encontraba en lo que actualmente son las calles Juan de Dios Peza, Xicoténcatl y Zarco, este camposanto medía 50 por 40 metros y era para uso exclusivo de los habitantes del barrio.

El cementerio se erigió el 27 junio de 1845, en la puerta principal de la calle Xicoténcatl se encontraba colocada la escultura de Fray Manuel Navarrete, cura de Tlaxcalilla que fue encomendado para la construcción de una capilla, según la leyenda, la escultura fue colocada en honor al fraile, quien murió luego de que le lanzaron una piedra en un tumulto entre los habitantes del barrio, actualmente se encuentra en el Museo Regional Potosino.
En 1989, una vez que construyeron el Panteón del Saucito, los camposantos de los barrios desaparecieron.

TRADICIONES DE GRAN ARRAIGO

En el barrio aún se conservan algunas costumbres que comenzaron a celebrarse el siglo pasado, la mayoría en el jardín, frente al templo; destaca la Pasión Viviente, donde proyectan talento actoral con un viacrucis que personifica la pasión, muerte y resurrección de Cristo.

Desde 1963 Juan Sandoval y Francisco Fraga concibieron la idea de que, a partir del Domingo de Ramos, frente a la parroquia de San Juan de Guadalupe, las personas que interpretan a los apóstoles reciben al actor que interpretará a Jesús con palmas; la noche del jueves Santo, espectadores y actores se reúnen frente al templo para recrear la Última Cena, el lavatorio de pies, la traición de Judas Iscariote y su posterior arrepentimiento, hasta quitarse la vida.

El Viernes Santo concluye la puesta en escena con la sentencia de Pilatos, el desvanecimiento de Herodes, el Viacrucis con las tres caídas de Jesús, la crucifixión en el Monte Calvario, el entierro y resurrección de Cristo.

EL CARNAVAL CENTENARIO

Otra de las festividades es el tradicional Carnaval del Barrio de San Juan de Guadalupe, que en este año cumplió su 98 aniversario y está próximo al centenario con un programa especial de celebración que ya se prepara. Las actividades se desarrollan tres días antes del miércoles de ceniza, festividad religiosa que marca la cuaresma.

Principalmente destaca un desfile en el que participan más de 40 comparsas disfrazadas de diferentes temáticas y la coronación de la Reina del Carnaval.

Esta costumbre nació en el año de 1921 y fue fundada por León Pérez Márquez, desde entonces se lleva a cabo de manera ininterrumpida y ya es parte de la historia, ha cobrado tal relevancia que incluso han surgido otros de menor magnitud en colonias como General. I Martínez y Graciano Sánchez, aledañas al barrio.

PUJANTE COMERCIO

Desde hace 50 años se instala cada jueves el mercadito sobre ruedas, que comenzó en el jardín y fue apropiándose de algunas calles para el comercio de ropa, zapatos, libros, herramientas, antojitos mexicanos y hasta antigüedades.

Ahí las familias pueden abastecerse de frutas y verduras, o degustar antojitos como gorditas, quesadillas, taquitos rojos y hasta pancita, existen puestos sobre el jardín y en las calles Vallejo, Escandón y Sacristía.

Muchos de los comerciantes son oriundos del barrio, pero también llega gente de muy lejos que adopta las costumbres y se considera parte del barrio San Juan de Guadalupe, hay quienes llevan más de 35 trabajando y desde niños acompañaban a sus padres, posteriormente heredaron el negocio y ahora acuden con su familia.

Aunque en la actualidad podría complicarse la movilidad por el cierre de estas calles cada semana, sería difícil un reacomodo, sobre todo porque los comerciantes tienen el respaldo de al menos medio siglo trabajando en esta zona; justo frente al templo que cuenta con una escultura de San Juan Evangelista y donde la fiesta Patronal se celebra el 27 de diciembre.

Al otro extremo está el jardín, que no tendría esencia si no fuera rondado por peculiares personajes, algunos indigentes que duermen en el suelo, jardinera o banca de cantera; ahí se refugian entre enormes árboles.

En ese punto cada viernes hay actividades culturales y los Sanjuaneros acuden a bailar cumbias sonideras, este programa inició como parte del impulso a la cultura.

La hermandad del tradicional barrio también se adapta a las nuevas tecnologías, actualmente los habitantes administran una página en Facebook llamada Barrio de San Juan de Guadalupe en el que avisan a los Sanjuaneros las condiciones del barrio, realizan servicio social para localizar personas y mascotas extraviadas, alertas de seguridad, compra venta de bienes o servicios, pero además para deleitarse con imágenes históricas que los trasladan en el tiempo hasta los orígenes de esta, una tierra de arraigo y codiciada en la actualidad.