SAN LUIS POTOSÍ, SLP., 13 de octubre de 2019.- En el corazón de la ciudad se encuentra ubicado el Jardín Guerrero o de San Francisco. Originalmente era el atrio o plazoleta del templo y convento de San Francisco, este último destruido parcialmente durante la época de la Reforma.

Cuando se cumplieron las leyes de expropiación de los bienes de la Iglesia y los religiosos fueron exclaustrados, se lotificaron grandes extensiones de terreno de la orden y se vendieron juntamente con numerosas fincas que formaban parte del convento.

También se abrió una calle para prolongar la “Del Portillo”, hoy Galeana, con lo cual se mutiló el convento más artístico y rico de la ciudad.
Durante la década de 1970, la plaza fue integrada en su totalidad al templo y el convento para hacerla peatonal con un área verde, destinada para los transeúntes.

Al centro del jardín se puede encontrar una fuente diseñada por el arquitecto Francisco Javier Cossío Legarde y realizada por el escultor Joaquín Arias.

Una escultura de Vicente Guerrero decora el costado norte del espacio. Ésta es atribuida al taller del escultor Jesús Contreras, famoso artista de finales del siglo XIX.

Más recientemente se colocó en el extremo oriente una escultura más, ésta de Juan del Jarro frente a avenida Universidad y la cual fue realizada por Mario Cuevas.

Templos y casas porfirianas

El jardín está rodeado por los templos de San Francisco, la Tercera Orden y el Sagrado Corazón, además por uno de la Primera Iglesia Nacional Presbiteriana.

Hay también varias casas señoriales que fueron construidas durante la época del Porfiriato.

La historia del espacio está ligada a la llegada de los franciscanos que formaron la avanzada de la cristianización y civilización de toda la entidad, así como de los estados de Zacatecas, Jalisco, Durango, Chihuahua, Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas.

El templo de San Francisco de San Luis Potosí, constituye uno de los panoramas por excelencia del barroco estípite, el cual también se puede disfrutar en el Templo del Carmen y la capilla de Aranzazú.

Aunque en 1588 fundaron su casa y ermita en el lugar donde actualmente se encuentra el Edificio Central de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, la orden se mudó al lugar en el que actualmente se encuentra el templo y el convento de San Francisco.

Los franciscanos comenzaron a levantar el convento y la iglesia en 1591 y ésta se concretó en la última década del siglo XVII, poco tiempo después de la fundación del Real de Minas de San Luis del Potosí.

La torre mayor fue concluida en 1709 y fue renovada en 1779, la portada principal se terminó entre 1711 y 1712 y la torre chica se erigió en 1762.

El templo sirvió como modelo para la mayoría de los que tuvo la provincia, en especial su portada, la cual fue calificada por el historiador Rafael Morales Bocardo como una “gran hazaña del barroco novohispano”.

Tesoros artísticos

El templo conserva y custodia uno de los tesoros pictóricos más ricos de la ciudad. Se trata de obras de gran belleza distribuidas en el templo, sacristía, claustros, así como la capilla de Aranzazú.

Muchas obras se perdieron durante el siglo XIX, debido al periodo conflictivo que atravesaba el país. También hubo saqueo durante la destrucción del convento por la Reforma.

En las tres capillas que posee, se llegaron a alojar catorce magníficos retablos de madera sobredorada, una sillería en el coro y un órgano tubular, el cual es el más antiguo de la ciudad.

En su interior, bajo la cúpula del templo, se encuentra un hermoso candil en forma de barco hecho a partir de finos prismas, y que hace par con el que se encuentra en el Santuario de Guadalupe.

De igual forma, posee una numerosa colección de obras realizadas por el maestro Antonio de Torres, quien pintó para los franciscanos de San Luis de 1719 a 1722, así como obras de Miguel Cabrera, Pedro López Calderón, Miguel Ángel Ayala, así como otros pintores anónimos.

En el lado sur de la plaza, sobre la actual calle de Galeana, se encuentran los templos del Sagrado Corazón de Jesús y de la Tercera Orden, lo que convierte al Jardín Guerrero en literalmente, una “ciudadela religiosa de ambiente criollo, pero con prosapia hispánica”, de acuerdo con las palabras que Ricardo García López plasmó en su libro La obra franciscana en San Luis Potosí, aspecto histórico y patrimonio cultural.

Nuestra Señora de los Remedios

El templo del Sagrado Corazón antiguamente fue conocido como de Nuestra Señora de los Remedios y su construcción se debe a fray José de Arlegui, quien al profesar una gran devoción a dicha virgen, comenzó su construcción en septiembre de 1728.

El templo es parte del conjunto arquitectónico del convento franciscano, por lo que compartió el atrio común con San Francisco y la Tercera Orden. Aunque por sus pequeñas dimensiones carece de cúpula y cruceros, ahí se conservan algunas pinturas de Elías de la Cerda y Margarito Vela.

En cuanto a la Tercera Orden, su construcción data de 1694 y se debe al entusiasmo y devoción de las personas que formaban parte de la Venerable Orden Tercera, es decir un conjunto de seglares, cuyo síndico era independiente del de los frailes.

También de estilo barroco, era conocida originalmente como “De la Preciosa Sangre”. Su fachada presenta características de los templos de la época: con tres nichos y un remate semicircular, como en Charcas y Mexquitic; fue restaurado y decorado de nueva cuenta en 1959.

En el muro oriente del templo, se puede apreciar lo que fue una puerta lateral y que fue cegada cuando fray José de Arlegui, construyó el templo del Sagrado Corazón. Los cruceros del templo están ocupados por altares neoclásicos que suplen a los retablos de madera sobredorada que originalmente existían.

También protestantes

Ante la destrucción del convento y la venta de lotes, la Iglesia Nacional Presbiteriana construyó su templo en 1891, cuando compró una fracción de terreno. Es un edificio de estilo gótico con techo abovedado, mientras que las piedras que ornamentan el templo por fuera, así como las puertas y ventanas son de cantera rosa.

Con estas construcciones, el Jardín Guerrero se ha convertido en uno de los espacios más frecuentados, tanto por las personas locales como por visitantes foráneos, quienes disfrutan de la vista barroca que ofrecen los templos y la historia de las antiguas casas.

Es un espacio abierto para el disfrute cultural y la apreciación arquitectónica.